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Si tenéis que responder rápidamente a la pregunta “¿Qué no puede faltar en tu viaje hacia Santiago de Compostela?”, ¿qué es lo primero que pensáis?.

Seguro que muchos de vosotr@s habéis pensado en un primer instante en la mochila, un objeto del que os haréis inseparables y que durante unos días o semanas será casi una prolongación más de vuestro cuerpo.

Os dejamos algunos consejos que al igual que la anterior publicación, esperamos os sirvan de utilidad. 😉

La elección de la mochila ha de ser meticulosa puesto que la salud de nuestra espalda depende en gran medida de las características y de la calidad de la misma.
La espalda puede sufrir muy fácilmente si realizamos cualquier esfuerzo mayor al que estamos acostumbrados en nuestra vida cotidiana. Y además, este esfuerzo se prolongará en una ruta que durará unos cuantos días o semanas.

Existe una variedad infinita de modelos y tamaños de mochila, aunque finalmente lo más importante es evitar el exceso de carga. Hay peregrinos que llegan a abandonar la travesía por motivo del esfuerzo que supone cargar peso en demasía.

Es importante a la hora de llenar la mochila pensar críticamente si vamos a necesitar las cosas y desechar rápidamente aquellas ante las que contestamos que las llevaremos “por si acaso”.
En los albergues se encuentran un montón de pertenencias que los peregrinos dejan atrás porque no son necesarias
Algunas de las cualidades básicas que deben caracterizar nuestra mochila son las siguientes: ha de ser ergonómica, con refuerzo lumbar, con correas ajustables en pecho y cintura y con hombreras acolchadas.

Es posible que el tiempo juegue en nuestra contra durante las etapas, así que por si llueve es conveniente utilizar un cubremochilas o funda impermeable.

La comodidad que nos garantice es fundamental también, por lo que es interesante que cuente con bolsillos o compartimentos exteriores que sean seguros.

¿Cumple vuestra mochila todos estos requisitos? 🙂